Renuncié 11 veces y diseñé mi salida laboral sin drama
Sí, once veces. Once.
A veces siento que debería llevar una camiseta que diga: “Experta renunciadora”. Pero la verdad es que cada una de esas salidas fue una brújula. Me enseñaron mucho más de lo que cualquier jefe amable, tóxico o inexistente pudo enseñarme.
La estabilidad lineal que nos deja atrapadas
Durante años creí en la famosa “estabilidad lineal”: esa vaina bonita donde una se queda donde no crece porque “al menos es estable”. Estable como una silla coja, pero estable.
Y ahí estaba yo, repitiendo mentalmente el mantra que todas hemos dicho alguna vez: “Seguro que afuera es peor…”.
Hasta que entendí algo que nadie me había contado: a veces quedarse también es una forma de perder.
Cuando no puedes renunciar (y nadie te lo dice)
Ahora, tampoco voy a venderte poesía: hay momentos de la vida donde NO se puede renunciar. Punto. La economía pesa. Las responsabilidades pesan. El miedo pesa el doble. Y a veces, el trabajo ideal no existe o una aún no tiene las habilidades para cobrar lo que sueña. Y está bien decirlo en voz alta sin culpa.
No todo es “salta y la red aparecerá”, porque para dar ese salto se nos esconde la fe.
Las claves que usé para renunciar sin caos
Eso sí: mientras me quedaba, aprendí a preparar mi salida como quien prepara una maleta estratégica. No era un salto al vacío, era un salto con cálculo.
A través de un proceso de manifestación de un trabajo acorde a mi versión exitosa del futuro, seguí estos pasos:
1. Me cansé de renunciar desde la rabia y empecé a hacerlo desde la claridad.
Antes decía “me quiero ir ya”, pero no sabía “a dónde quería llegar”. Cuando lo entendí, la ansiedad bajó y la estrategia subió. Aquí fue importante rescatar mi autoestima.
2. Revisé mis talentos con crudeza y cariño.
A veces no es que “la empresa no te valora”, es que una no ha afinado sus habilidades para pedir lo que vale. Yo tuve que actualizarme más de una vez para abrir puertas mejores, también invertí en mi espiritualidad porque es la que se encarga de meterle turbo al talento.
Espiritualidad = amor propio + fe.
3. Creé un colchón emocional y otro financiero.
El emocional es la parte que casi nadie menciona: tener una red de apoyo que no te llame loca.
El financiero… bueno, sin él las renuncias poéticas son solo ideas peligrosas.
4. Observé mi energía (y mis ganas).
Si un trabajo me apagaba, al menos ese dato me servía para entender qué sí quería encender en el siguiente sin importar si resultaba peor, porque la cuestión es reforzar resiliencia.
El autoconocimiento que descubrí demasiado tarde
Y aquí entra algo que descubrí demasiado tarde: el autoconocimiento. Si yo hubiera conocido el Eneagrama de la personalidad en mis años de renuncia, probablemente muchas salidas habrían sido más rápidas, menos dolorosas y muchísimo más estratégicas.
Además, este sistema de autoconocimiento te ayuda a construir el puente entre tu psicología y tu espiritualidad para que te blindes de la incertidumbre durante las vacas flacas.
Conocer tu eneatipo (tipo de personalidad) es como tener un mapa interno: entiendes tus motivadores, tus miedos, tus talentos naturales y hasta el tipo de trabajo que te impulsa en lugar de drenarte. Hoy sé que muchas de mis decisiones habrían sido más inteligentes si hubiese tenido esa herramienta en la mano.
Si quieres explorarlo, aquí puedes hacer mi test gratuito: Haz el test del Eneagrama
¿Huir o diseñar tu salida? La diferencia que cambia todo
Todo esto lo fui armando renuncia tras renuncia, empresa tras empresa, jefe tras jefe. Un híbrido entre instinto, intuición y autoliderazgo. Y al final descubrí algo importante: no se trata de huir, sino de diseñar tu salida.
Y aquí cierro sin disfrazarlo: si este tema te pica, si estás pensando en renunciar y necesitas un plan sin drama, con cabeza y con números que no asusten a tu cuenta bancaria, tengo un curso donde te enseño exactamente cómo diseñar tu salida paso a paso.
Dura lo que invertirías en dos episodios de tu serie favorita y tiene un precio que no amenaza tu economía si estás cuidando el famoso “colchón” pos renuncia.
Ve a verlo ya mismo para que empieces a cambiar tu futuro sin perder estabilidad: Ver curso.
Si hoy tu trabajo se siente como una pesadilla, respira: ninguna etapa dura para siempre y siempre hay una salida que puede llevarte a un lugar mucho más digno de ti.
Hasta la próxima vaina…
Un beso,
L.A. Tía Sandra




